Anuna en las fuentes sumerias: qué muestran las tablillas y las inscripciones

por Redacción CienciaContexto | Sep 23, 2026 | Historia humana

Tablillas cuneiformes sumerias y arquitectura religiosa de la antigua Mesopotamia

Cuando se buscan en internet «tablillas sumerias de los Anunnaki» es fácil obtener la impresión de que existe un conjunto de textos antiguos que relata una historia coherente sobre unos seres llamados Anunnaki.

Las fuentes reales son bastante diferentes.

Para empezar, en los textos sumerios la forma que encontramos principalmente es Anuna. Las formas Anunnaki y Anunnaku pertenecen sobre todo a la tradición lingüística acadia posterior.

Además, no existe una única «tablilla de los Anunnaki» ni un libro antiguo que reúna su historia. Las referencias aparecen dispersas en composiciones religiosas, inscripciones reales, textos literarios y algunos documentos administrativos producidos a lo largo de diferentes épocas.

Esto es importante porque el significado del término tampoco fue completamente estable. En unas fuentes los Anuna aparecen como grandes dioses, en otras participan en la determinación de los destinos y en determinados relatos están relacionados con el inframundo.

Para entender qué dicen realmente esos documentos hay que hacer algo menos espectacular, pero históricamente mucho más sólido: leer cada fuente dentro de su lengua, su época y su contexto.

Esta entrada profundiza en las fuentes originales que están detrás de nuestro análisis general sobre quiénes eran realmente los Anunnaki.

Anuna y Anunnaki no son exactamente la misma forma lingüística

El primer detalle suele pasar desapercibido porque la palabra «Anunnaki» se ha convertido en la forma más conocida actualmente.

En sumerio encontramos escrituras como a-nun y a-nun-na. En la tradición acadia aparecen posteriormente formas como Anunnaki y Anunnaku.

Esto no significa que estemos hablando de dos grupos completamente distintos. Son formas lingüísticas relacionadas empleadas dentro de tradiciones mesopotámicas que evolucionaron durante siglos.

Pero la diferencia importa cuando alguien afirma estar proporcionando una «traducción literal sumeria de Anunnaki».

Los especialistas no trabajan únicamente con palabras normalizadas. Estudian los signos cuneiformes concretos, su gramática, las variantes de los manuscritos y el contexto en el que aparece cada término.

En las transliteraciones académicas puede encontrarse, por ejemplo, una forma semejante a:

da-nun-na

La pequeña d que suele escribirse en superíndice representa en la transliteración moderna un determinativo divino. Los determinativos eran signos utilizados para indicar la categoría semántica de una palabra: podían señalar que se trataba de una divinidad, una ciudad, un objeto de madera, un metal u otras clases de términos.

Es decir, el propio sistema de escritura sitúa el nombre dentro de un contexto divino.

Esto tampoco significa que cada aparición del término tenga exactamente la misma función. Como ocurre con muchas categorías religiosas antiguas, su significado depende del documento.

No existe una única «tablilla sumeria de los Anunnaki»

Hablar de «las tablillas de los Anunnaki» puede resultar útil como expresión popular, pero históricamente es impreciso.

Las fuentes que permiten estudiar a los Anuna no proceden de un único objeto ni de una colección creada para explicar quiénes eran.

Encontramos referencias en:

  • inscripciones reales;
  • cilindros de arcilla inscritos;
  • composiciones mitológicas;
  • himnos religiosos;
  • textos vinculados a templos y ciudades;
  • documentos administrativos;
  • copias realizadas por escribas en épocas posteriores.

Incluso cuando una composición está escrita en sumerio, la copia concreta que ha sobrevivido puede haber sido producida mucho después de la época en la que se originó la tradición.

Por eso debemos distinguir al menos tres cosas:

  • la lengua del texto;
  • la fecha del manuscrito conservado;
  • la posible antigüedad de la composición o tradición que transmite.

Mezclar estas categorías permite construir cronologías aparentemente precisas que las propias fuentes no justifican.

La escritura cuneiforme tampoco apareció originalmente para registrar grandes relatos mitológicos. Sus primeros usos estuvieron estrechamente relacionados con administración, contabilidad y organización económica, dentro del proceso que acompañó al desarrollo de las primeras civilizaciones de Mesopotamia.

La literatura religiosa que conocemos pertenece a una tradición escrita mucho más amplia.

Gudea de Lagash: algunas de las primeras referencias conocidas

Las primeras apariciones conocidas del término Anuna se sitúan hacia finales del tercer milenio a. C., especialmente en fuentes relacionadas con Gudea, gobernante de Lagash, y en algunos documentos del periodo de la Tercera Dinastía de Ur.

Una de las fuentes más importantes es la extensa inscripción conocida como los Cilindros de Gudea, dedicada a la construcción del templo E-ninnu del dios Ningirsu.

Este documento resulta especialmente valioso porque no presenta a los Anuna como personajes de una narración moderna reconstruida a partir de fragmentos separados.

Aparecen directamente dentro del contexto religioso de Lagash.

En el Cilindro A se menciona a los Anuna de Lagash en relación con Gudea, las ofrendas, la oración y la construcción del templo de Ningirsu.

En otros pasajes de la composición, los Anuna contemplan admirados el templo y aparecen relacionados con la justicia y con el orden divino.

La imagen que transmite el texto es coherente con un grupo de divinidades integrado en la religión de la ciudad.

No aparecen descritos como una población procedente de otro planeta.

No se proporciona una descripción tecnológica de ellos.

No se relata la llegada de una nave.

Y tampoco se presenta a Gudea negociando con una civilización extranjera avanzada.

El contexto es inequívocamente religioso: templos, dioses, ofrendas, oración, legitimidad del gobernante y construcción monumental.

Los Anuna de Lagash y la importancia de las tradiciones locales

La expresión «Anuna de Lagash» aporta además otra información importante.

El término no parece haber designado siempre una lista universal e invariable de dioses.

Las fuentes permiten hablar de Anuna relacionados con determinadas ciudades o panteones locales. La investigación asiriológica también recoge referencias a los Anuna de Eridu y a una tradición que menciona a cincuenta Anuna de esa ciudad.

Esto hace muy difícil sostener que existiera un grupo cerrado con un número fijo de integrantes y una biografía común.

La religión mesopotámica estaba organizada en gran medida alrededor de ciudades, templos y divinidades tutelares. Los grandes dioses podían ser conocidos en todo el territorio, pero cada ciudad desarrollaba relaciones religiosas particulares, jerarquías y tradiciones propias.

Lagash estaba especialmente asociada a Ningirsu. Eridu estaba vinculada a Enki. Ur tenía como gran divinidad a Nanna. Uruk estaba profundamente relacionada con Inanna y An.

Hablar de los Anuna dentro de ese mundo requiere comprender esa estructura religiosa, no sustituirla por la idea moderna de una especie biológica uniforme.

Enki y el orden del mundo: los Anuna como grandes dioses

Otra fuente fundamental es la composición sumeria conocida como Enki y el orden del mundo.

El texto presenta a Enki como una divinidad de enorme importancia relacionada con la organización del mundo, la asignación de funciones y el establecimiento del orden.

En distintos pasajes aparecen los Anuna.

Una sección los describe como grandes dioses establecidos en Sumer, mientras que otro pasaje relaciona su actividad con la determinación de los destinos.

Esta función resulta esencial para comprender la religión mesopotámica.

«Determinar el destino» no debe interpretarse como una descripción científica de predicción del futuro. Dentro del lenguaje religioso mesopotámico significa participar en la definición del orden legítimo del cosmos, las ciudades, los reyes y los seres humanos.

Los Anuna aparecen así dentro de una estructura divina de autoridad.

También encontramos a Enki descrito en relación de liderazgo con ellos.

Esto permite reconstruir una imagen mucho más precisa que la versión popular: los Anuna forman parte de las categorías mediante las que los sumerios organizaban conceptualmente a sus dioses.

Los Anuna y la determinación de los destinos

La idea del destino era central en numerosas tradiciones mesopotámicas.

Los dioses no se limitaban a representar fenómenos naturales. También garantizaban o alteraban el orden político, social y cósmico.

Cuando los textos atribuyen a los Anuna la capacidad de determinar destinos, están asignándoles una posición elevada dentro de ese sistema religioso.

La misma idea ayuda a entender por qué diferentes composiciones pueden situarlos junto a divinidades principales como An, Enlil o Enki.

Sin embargo, esto tampoco permite confeccionar una lista permanente.

Una categoría colectiva puede cambiar según la composición. Las antiguas religiones mesopotámicas no funcionaban como una enciclopedia moderna con definiciones inmutables.

Las tradiciones se copiaban, adaptaban y reinterpretaron durante siglos.

El descenso de Inanna: siete Anuna como jueces del inframundo

Uno de los pasajes más claros aparece en El descenso de Inanna al inframundo, una de las composiciones más conocidas de la literatura sumeria.

En el relato, Inanna desciende al mundo de los muertos gobernado por su hermana Ereshkigal.

Tras atravesar las puertas del inframundo y perder progresivamente los elementos asociados a su poder, llega ante la autoridad de ese reino.

Allí aparecen siete Anuna actuando como jueces.

El texto los presenta dictando sentencia contra Inanna.

Más adelante, cuando la diosa intenta abandonar el inframundo, los Anuna intervienen nuevamente: su regreso exige que otra persona ocupe su lugar.

Este episodio es especialmente relevante porque demuestra que la asociación de los Anuna con el inframundo ya está presente en fuentes sumerias.

En periodos posteriores esa relación se volvería todavía más característica en determinados textos, mientras que otros grupos divinos, como los Igigi, serían utilizados de forma diferente.

Pero tampoco aquí existe una descripción de extraterrestres.

Los siete Anuna cumplen una función judicial dentro de una geografía religiosa del mundo de los muertos.

¿Eran entonces siete los Anuna?

No.

El hecho de que El descenso de Inanna mencione siete jueces Anuna no demuestra que existieran únicamente siete Anuna en toda la religión sumeria.

Este es un ejemplo de un error frecuente al leer textos antiguos: convertir una cifra correspondiente a una escena concreta en una definición universal.

Otras fuentes hablan del grupo de manera diferente y existen tradiciones con cifras distintas.

Por eso preguntas modernas como «¿eran siete, cincuenta o cientos?» parten de una premisa problemática.

No disponemos de una lista canónica única de miembros de los Anuna válida para toda Mesopotamia y todas las épocas.

El número depende del texto y de la función que el grupo desempeña en él.

Enki y Ninmah: dioses, trabajo y creación de los seres humanos

Enki y Ninmah es una fuente especialmente importante porque contiene algunos de los elementos que más tarde serían utilizados en interpretaciones modernas sobre los Anunnaki.

La composición comienza en un tiempo mítico en el que se establece el cosmos y nacen los Anuna.

El relato describe después una situación en la que los dioses de rango superior supervisan el trabajo mientras otros dioses soportan tareas pesadas, entre ellas la excavación de canales y el movimiento de tierra.

Los trabajadores divinos se quejan de esa carga.

Namma lleva el problema ante Enki y le pide que encuentre una solución.

La respuesta consiste en la creación de un sustituto capaz de asumir ese trabajo: el ser humano.

La creación se relaciona con arcilla procedente del ámbito del Abzu y con la actuación de divinidades vinculadas al nacimiento.

Por tanto, hay un núcleo auténtico que no debe negarse:

una composición sumeria relaciona la creación de los seres humanos con la necesidad de liberar a los dioses de determinadas tareas.

Pero precisamente aquí es donde la lectura debe ser más cuidadosa.

El texto habla de arcilla, nacimiento, trabajo y orden divino.

No habla de cromosomas.

No habla de ADN.

No menciona edición genética.

No describe instrumental médico ni un laboratorio.

Y tampoco afirma que el objetivo del trabajo humano fuera extraer oro para transportarlo a otro planeta.

Transformar la arcilla mitológica en «material genético» es una interpretación moderna añadida al texto.

¿Dice Enki y Ninmah que los Anuna crearon genéticamente al ser humano?

No.

Además existe un detalle que suele perderse en las versiones populares.

El prólogo menciona a los Anuna dentro del escenario divino, pero el texto distingue también entre dioses de mayor rango y divinidades que soportan el trabajo.

No permite simplemente sustituir cada aparición de «los dioses» por «los Anunnaki» y construir a partir de ahí una jerarquía tecnológica.

Las traducciones especializadas conservan esas diferencias porque son importantes.

Leer una composición antigua exige respetar quién realiza cada acción, qué término utiliza el original y qué partes del manuscrito están dañadas o presentan dificultades de interpretación.

Cuando esas distinciones se eliminan, el resultado puede convertirse en una narración muy distinta de la fuente.

Los documentos administrativos: una evidencia pequeña pero importante

Durante mucho tiempo se señaló que las referencias sumerias a los Anuna eran principalmente literarias.

Sin embargo, la documentación administrativa del periodo de Ur III ha aportado algunas evidencias de carácter diferente.

ORACC recoge un pequeño número de textos administrativos en los que parecen registrarse ofrendas a los Anuna.

La evidencia es escasa —solo unas pocas atestiguaciones— y precisamente por eso no debe exagerarse.

Pero tiene importancia histórica.

Indica que el término no era necesariamente una creación exclusivamente literaria sin conexión con prácticas religiosas.

Si se realizaban ofrendas a los Anuna, estamos ante una categoría que podía tener presencia dentro del funcionamiento cultual de las instituciones mesopotámicas.

Esto encaja además con las inscripciones de Gudea, donde los Anuna aparecen dentro de contextos de templo, oración y ritual.

Atrahasis no es una tablilla sumeria

Esta distinción es esencial porque una enorme cantidad de contenido en internet presenta Atrahasis como si fuera un «texto sumerio de los Anunnaki».

No lo es.

Atrahasis es una composición en acadio, conocida por manuscritos de tradición babilónica.

Es extraordinariamente importante para estudiar la mitología mesopotámica y contiene un relato en el que dioses sometidos a un trabajo agotador se rebelan y la humanidad es creada para asumir esa carga.

Pero no debemos convertir «mesopotámico» en sinónimo de «sumerio».

Mesopotamia albergó durante milenios diferentes pueblos, lenguas, ciudades e imperios.

El sumerio y el acadio convivieron e influyeron mutuamente, y muchas tradiciones religiosas fueron transmitidas y reformuladas entre ambos contextos.

Eso permite comparar Enki y Ninmah con Atrahasis, pero no afirmar que sean el mismo texto ni que ambos estén escritos en sumerio.

Los Igigi tampoco deben confundirse automáticamente con los Anuna

Algo semejante ocurre con los Igigi.

En determinados textos acadios, especialmente en tradiciones posteriores, Anunnaki e Igigi pueden aparecer como grupos diferenciados.

Pero sus relaciones cambian según la época y la composición.

No existe una equivalencia simple del tipo:

Anunnaki = jefes extraterrestres
Igigi = trabajadores extraterrestres

Esa estructura pertenece a reconstrucciones modernas.

Las fuentes mesopotámicas utilizan las categorías divinas de maneras más complejas y variables.

Precisamente por eso resulta peligroso combinar una frase de un texto sumerio, otra de un poema acadio y otra de una composición muchos siglos posterior como si todas pertenecieran al mismo documento.

Qué no aparece en las fuentes sumerias sobre los Anuna

Después de revisar las principales evidencias, también podemos establecer qué elementos populares no están documentados en esos textos.

  • No se describe a los Anuna como una especie extraterrestre.
  • No se afirma que procedan de un planeta llamado Nibiru.
  • No se proporciona una órbita de 3.600 años para su supuesto planeta.
  • No se describe una llegada a la Tierra mediante naves espaciales.
  • No aparecen laboratorios de ingeniería genética.
  • No se menciona manipulación de ADN.
  • No se afirma que el ser humano fuera diseñado para trabajar en minas de oro.
  • No existe una crónica sumeria continua que relate todos esos acontecimientos.

Algunos componentes de la narrativa moderna se inspiran en elementos auténticos: dioses, creación humana, trabajo, cuerpos celestes, arcilla y relatos de catástrofes.

Pero la existencia de las piezas no demuestra que los antiguos escribas las unieran de la misma manera.

Ese es el punto metodológico central.

¿Existen imágenes antiguas de los Anunnaki?

Las redes sociales y numerosos vídeos muestran relieves, sellos cilíndricos y figuras mesopotámicas identificándolos directamente como «representaciones de los Anunnaki».

La evidencia iconográfica no permite hacer esa identificación de forma tan sencilla.

El repertorio académico de ORACC señala que no se conocen representaciones del grupo Anuna o Anunnaku como tal. Sí conocemos imágenes y símbolos asociados a numerosas divinidades individuales mesopotámicas.

Los dioses podían representarse con atributos reconocibles, entre ellos coronas con cuernos, símbolos astrales, animales, armas u objetos rituales.

Pero encontrar una figura divina en un relieve no permite etiquetarla automáticamente como «un Anunnaki».

Para identificar una imagen arqueológica hay que estudiar:

  • su procedencia;
  • la fecha;
  • las inscripciones asociadas;
  • los atributos iconográficos;
  • las comparaciones con otras piezas;
  • el contexto arqueológico.

Utilizar una imagen antigua auténtica con una identificación moderna incorrecta es una forma especialmente eficaz de crear desinformación, porque la autenticidad del objeto termina transfiriéndose indebidamente a la interpretación.

Cómo se traducen realmente las fuentes sumerias

Una tablilla cuneiforme no funciona como un texto moderno al que simplemente se aplica un diccionario palabra por palabra.

El proceso requiere varias etapas.

1. Identificación de los signos

Los especialistas determinan qué signos cuneiformes escribió el escriba. Algunos signos pueden tener varios valores fonéticos o logográficos.

2. Transliteración

Los signos se convierten a una representación mediante caracteres latinos y convenciones asiriológicas.

Por eso encontramos formas como da-nun-na en las ediciones académicas.

3. Análisis lingüístico

Después hay que determinar la estructura gramatical, los sufijos, casos, formas verbales y relaciones entre palabras.

4. Comparación entre manuscritos

Muchas obras no sobreviven en una única copia completa. Pueden existir varios manuscritos fragmentarios con variantes.

Los investigadores comparan esos testimonios para reconstruir la composición.

5. Reconocimiento de lagunas e incertidumbres

Las tablillas pueden estar rotas, erosionadas o incompletas.

Una edición rigurosa indica cuándo una lectura es incierta en lugar de presentar cada frase como perfectamente conservada.

6. Contextualización histórica

Finalmente hay que interpretar el texto dentro de su género, época y tradición religiosa.

Una metáfora de un himno no puede tratarse automáticamente como una descripción técnica, de la misma forma que una epopeya no puede leerse como si fuera un registro administrativo.

Por qué las traducciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias

La existencia de dificultades lingüísticas no significa que cualquier traducción sea posible.

Al contrario.

Décadas de asiriología han producido diccionarios, gramáticas, corpus digitales y miles de textos comparables que permiten comprobar cómo se utilizan los signos y las palabras.

Si alguien propone que un término sumerio normalmente relacionado con dioses, templos, cielo, arcilla o ritual significa en realidad «astronauta», «cohete», «ADN» o «ingeniería genética», debe demostrarlo mediante el idioma.

No basta con que la nueva traducción encaje mejor con una historia atractiva.

Debe mostrar que el mismo significado funciona coherentemente en otros contextos y explicar por qué los especialistas que trabajan con cientos o miles de textos no lo interpretan de esa manera.

La traducción es una hipótesis lingüística sometida a evidencia, no una licencia narrativa.

Qué muestran realmente las fuentes sumerias sobre los Anuna

Con la evidencia disponible podemos establecer un núcleo bastante sólido:

  • Anuna es la principal forma sumeria relacionada con el posterior término acadio Anunnaki/Anunnaku.
  • Las primeras atestiguaciones conocidas aparecen hacia finales del tercer milenio a. C., entre ellas fuentes de Gudea y algunos textos de Ur III.
  • Los Anuna constituyen un grupo de divinidades, pero no conocemos una composición fija válida para todas las épocas.
  • Puede hablarse de grupos asociados a ciudades concretas, como Lagash o Eridu.
  • En Enki y el orden del mundo aparecen como grandes dioses y relacionados con la determinación de los destinos.
  • En El descenso de Inanna, siete Anuna ejercen como jueces del inframundo.
  • Enki y Ninmah sitúa a los Anuna dentro del escenario mítico de la creación y relata la creación de los humanos para asumir trabajos anteriormente realizados por dioses.
  • Algunos documentos administrativos de Ur III parecen registrar ofrendas a los Anuna, aunque las evidencias son escasas.
  • No existe una iconografía conocida que permita identificar de forma general un tipo de figura como «un Anunnaki».
  • Las fuentes sumerias no describen a los Anuna como extraterrestres procedentes de Nibiru ni como ingenieros genéticos dedicados a la minería de oro.

Este cuadro puede parecer menos espectacular que las versiones difundidas en internet, pero tiene una ventaja decisiva:

es el que podemos reconstruir a partir de los documentos que realmente han sobrevivido.

Preguntas frecuentes sobre los Anuna en los textos sumerios

¿Anuna y Anunnaki significan lo mismo?

Son formas relacionadas dentro de las tradiciones mesopotámicas, pero no pertenecen exactamente a la misma lengua. Anuna es la forma característica del sumerio, mientras que Anunnaki y Anunnaku son formas acadias.

¿Cuál es la primera referencia conocida a los Anuna?

Las primeras atestiguaciones conocidas se sitúan hacia finales del tercer milenio a. C. ORACC señala referencias en inscripciones de Gudea y en algunos documentos del periodo de Ur III.

¿Los Cilindros de Gudea mencionan a los Anuna?

Sí. El Cilindro A contiene referencias a los Anuna de Lagash dentro del contexto de la construcción del templo de Ningirsu, junto con oración y ofrendas.

¿Cuántos Anuna había?

No conocemos un número fijo. En El descenso de Inanna aparecen siete Anuna actuando como jueces, mientras que otras tradiciones utilizan cifras o agrupaciones diferentes. No existe una lista universal conservada.

¿Los textos sumerios dicen que los Anuna crearon al ser humano?

Enki y Ninmah describe la creación humana como respuesta al trabajo soportado por los dioses. Sin embargo, no describe ingeniería genética ni identifica el proceso como una intervención extraterrestre.

¿Atrahasis es un texto sumerio?

No. Atrahasis está escrito en acadio. Es fundamental para estudiar las tradiciones mesopotámicas sobre creación, trabajo divino y diluvio, pero no debe presentarse como una tablilla escrita en sumerio.

¿Existen tablillas que digan que los Anunnaki vinieron de Nibiru?

No se conoce ninguna fuente sumeria que narre una llegada de los Anuna desde un planeta llamado Nibiru.

¿Hay imágenes auténticas de los Anunnaki?

Existen numerosas imágenes antiguas de divinidades mesopotámicas, pero no una iconografía conocida que permita identificar de forma general un conjunto de figuras como representación específica del grupo Anuna o Anunnaku.

Conclusión

Las fuentes sumerias sí hablan de los Anuna, pero lo que dicen es muy diferente de la narración moderna sobre los Anunnaki.

Las inscripciones de Gudea los sitúan dentro de la religión de Lagash y de la construcción de templos. Enki y el orden del mundo los presenta como grandes dioses vinculados a la determinación de los destinos. El descenso de Inanna muestra a siete Anuna actuando como jueces del inframundo. Y Enki y Ninmah conserva un importante relato sobre trabajo divino y creación de la humanidad.

Son fuentes extraordinarias porque permiten escuchar, aunque de manera fragmentaria, cómo las sociedades mesopotámicas organizaron sus ideas sobre los dioses, el trabajo, la autoridad, la muerte y el origen humano.

Pero ninguna de ellas describe una civilización extraterrestre que llega desde Nibiru, modifica genéticamente a los homínidos y crea trabajadores para minas de oro.

La diferencia no depende de preferir una historia sobre otra.

Depende de distinguir qué está escrito en las fuentes y qué se añadió miles de años después.

Ese principio es básico para estudiar cualquier documento antiguo: conservar el contexto antes de intentar convertirlo en una respuesta a preguntas modernas.

Enlaces de interés

Bibliografía y fuentes

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  • Electronic Text Corpus of Sumerian Literature (ETCSL). University of Oxford. Inana’s Descent to the Nether World, composición 1.4.1. Edición, transliteración y traducción académica.
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  • Cuneiform Digital Library Initiative. Materiales de referencia sobre transliteración, determinativos y gramática sumeria empleados para interpretar las convenciones de edición de los textos cuneiformes.